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OTRA NUEVA MODA JAPONESA

domingo, 22 de febrero de 2009

Sigo recibiendo muchos "emilios" (E-mails) pidiendo mas fotos de la moda transparente japonesa. He estado buscando por la Red, consultando a conocidos... y por fin aqui os publico algunas fotos de otra moda, tambien japonesa, en sus playas. Seguro os van a gustar mucho mas. ¿Lo veremos aqui en España ?...












¿A LAS MUJERES LES PONE LA PORNOGRAFIA?

domingo, 8 de febrero de 2009

Durante algún tiempo se vendió la mentira de que las mujeres no eran sensibles a la pornografía. Todavía hay muchas que sienten reparos en aceptar que la han visto (y cuando lo admiten, añaden con rapidez que siempre la ven con sus novios, por lo que se pueda pensar). Hoy sabemos que nada de esto es cierto ¿verdad?.

La mujer ha visto siempre pornografía. Aunque lo hacía aún más a escondidas que ahora. Antes, la única fuente accesible de pornografía eran las revistas, como para los hombres, y al alquiler de vídeos (si bien los alquilaban o se los hacían alquilar a sus parejas).

Ahora, el acceso femenino a la pornografía se ha incrementado exponencialmente gracias a las facilidades ofrecidas por los canales de televisión que emiten cine de este tipo en horarios no infantiles; y, sobre todo, por Internet que ofrece videos, relatos eróticos y fotografías.

Existen numerosos estudios que demuestran que la mujer es tan sensible a la pornografía como los hombres. Las mujeres se excitan tan rápida e intensamente como ellos; aunque existe un 42% de féminas lo hacen aún más rápido e intenso que el promedio de los varones. Todas se humedecen ante la visión de escenas subidas de tono, la audición de sonidos abierta o someramente eróticos y la lectura de relatos encendidos. Hasta un 97% de las mujeres actuales reconocen que han visto pornografía alguna vez, aunque sólo el 40% (dos de cada cinco) reconocen haberse sentido excitadas por ello (en contra de los datos experimentales señalados más arriba). Existe, además, un 18% de mujeres que reconocen excitarse frente a material romántico no abiertamente pornográfico.

Otros estudios revelan que las mujeres, al contrario que los hombres, no suelen sentirse identificadas con las protagonistas de los filmes de este tipo. No mantienen relaciones sexuales “por delegación”. Lo que a ellas les excita verdaderamente, son los actos sexuales propiamente dichos, no los actores. Por eso, cuando quieren variedad, los hombres prefieren que cambien los actores aunque realicen lo mismo, mientras que las mujeres prefieren que los mismos actores realicen una gran variedad de actividades sexuales. Son las actividades sexuales en sí mismas las que excitan a las mujeres, aunque no las practiquen humanos.

Se ha comprobado que las mujeres se excitan al ver copulando o masturbándose a chimpancés; cosa que no le sucede a los hombres en general. Sin embargo, si bien las mujeres se sienten atraídas, estimuladas y abiertamente excitadas por la pornografía, la mayor parte de ella está realizada por hombres que piensan en una clientela masculina (los productores de cine porno lo niegan). Eso hace que pese a la excitación, muchas mujeres sientan cierto rechazo por algunos aspectos de la pornografía al uso.

Las razones esgrimidas por las mujeres para rechazar parcialmente o sentirse avergonzadas por la pornografía hecha por hombres son:
- la falta de argumento,
- la repetición,
- las situaciones ridículamente inusuales (como esas mujeres que hacen el amor en la cama, desnudas, pero con zapatos de tacón alto puestos),
- la masturbación femenina casi exclusivamente vaginal,
- el olvido del clítoris.

Estas y otras situaciones consideradas vejatorias para la mujer que se ven en la pornografía hecha por y para hombres (esperar tranquilamente a que los hombres les eyaculen sobre la cara, por ejemplo) hacen que la mujer no se sienta 'identificada' en las escenas del porno 'tradicional'.

Por eso, cada día aparecen más productos realizados por mujeres adaptando el porno a los gustos femeninos. Son películas que tienen un argumento, aunque sea básico, con el planteamiento de cierto número de situaciones y diálogos, como toda película comercial, solo que existe algo más de sexo que en estas y cuando aparece es más explícito que en las películas convencionales. No existen varios protagonistas que hacen el mismo tipo de gimnasia sexual una y otra vez, sino un número más limitado de personajes que interactúan entre sí, incluso sexualmente.

Las escenas pornográficas que más excita ver a las mujeres son por orden de importancia de mayor a menor:
- hombre masturbándose,
- hombre interactuando sexualmente con mujer (lo que incluye escenas románticas heterosexuales),
- sexo en grupo moderado (dos hombres y una mujer),
- cualquier clase de intercurso genital heterosexual (incluso aunque el hombre maltrate a la mujer ligeramente),
- sexo en grupo explícito (tres hombres y tres mujeres),
- sadomasoquismo moderado y sadomasoquismo duro,
- y las relaciones homosexuales masculinas (ocupando esta situación el último lugar en nivel de excitación para las mujeres).

Un buen número de mujeres también son sensibles a las escenas lésbicas o a la de mujeres masturbándose. De modo que, si bien las mujeres consumen el porno que se les ofrece (de iniciativa masculina, principalmente), prefieren el rodado por mujeres porque atienden a esas necesidades ya mencionadas.

Por último, existe un porno que las mujeres consumen con menor vergüenza que el de sexo explícito y que encuentran en cualquier librería sin sentir reparos en adquirirlo personalmente. Ha estado en el mercado incluso en épocas donde el porno era denigrado y no se permitía su comercialización libre. Son las novelas románticas. Sus guapos personajes masculinos atormentados, las relaciones complicadas y cargadas de tensión erótica no resuelta, los finales felices (los protagonistas consiguen mantenerse juntos), excitan sexualmente a un buen número de mujeres, tanto como los relatos abiertamente eróticos... y tienen las mismas consecuencias (masturbación).

SINDROME DE EXCITACION SEXUAL PERSISTENTE

domingo, 1 de febrero de 2009

La enfermera Elisabeth Pellegrino, de 34 años, le contó a la revista Esquire, qué se siente tener la necesidad constante de tener sexo, de masturbarse todo el tiempo.

Dice la señorita Pellegrino: “Durante cuatro años, creí que me volvería loca. Tenía una excitación constante que no se iba. Toda mi vagina se sentía como una olla a presión a punto de explotar en cualquier minuto, pero no lo hacía. No importaba cuanto sexo tenía, o cuantas veces me masturbaba en el día (cinco, seis, siete), no había alivio alguno. Una pensaría que tener una mujer constantemente excitada sería el sueño de cualquier hombre, pero dado que no podían satisfacerme, realmente, los hombre terminaban sintiéndose para el traste”.

Y sigue: “Parte del problema es que mi “lugar” está localizado. Es como del tamaño de un puño, y está bien al fondo de mi vagina, así que no puede simplemente rascarse. Necesita ser llenado. Uno de mis amigos del grupo de soporte tenía el suyo en la zona del clítoris, así que ella podía usar cualquier cosa cuando estaba en el trabajo. Pero ninguno de esas cosas funcionaban para mí. No puedo ir al baño, y listo. Necesito usar algún juguete interno. Sé que algunas personas con PSAS (síndrome de excitación sexual persistente) se anulaban a sí mismos con drogas o hielo. Pero eso no sirve para mí. A veces dejaba el trabajo para tener sexo en el almuerzo, o me ayudaba con un taburete. Eso no aliviaba la presión, pero ayudaba. Y siempre está el auto. A veces, cuando estoy manejando, la vibración libera pequeños orgasmos espontáneos. Más allá de eso, se ha convertido en una forma de vida”.

Elisabeth Pellegrino, como muchas otras personas, sufre el llamado Síndrome de Excitación Sexual Persistente, que como ella mismo dijo, puede parecer algo muy interesante para un hombre, pero no lo es. Se trata de un problema poco conocido, afecta sólo a las mujeres y es el resultado de una excitación genital espontánea y persistente.

Fue documentado por primera vez por la doctora Sandra Leiblum en 2001, y no está relacionado con la hipersexualidad (conocida también como ninfomanía). Quienes lo sufren suelen sentir vergüenza y no hablan de ello, por eso es interesante tener esta visión de Elisabeth.

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